El problema del habla regional en Los Pazos de Ulloa

Inti: Revista de literatura hispánica, Aug 2018

Ronald J. Quirk

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El problema del habla regional en Los Pazos de Ulloa

El problema del habla regional en Los Pazos de Ulloa Ronald J. Quirk Quirk, Ronald J. (Otoño 1975) "El problema del habla regional en Los Pazos de Ulloa," Inti: Revista de literatura hispánica: No. 2, Article 5. Available at: http://digitalcommons.providence.edu/inti/vol1/iss2/5 Article 5 Citas recomendadas El problema del habla regional en Los Pazos de Ulloa Ronald J. Quirk Quinnipiac College Entre los muchos elementos artísticos que merecen la atención crítica en Los Pazos de Ulloa por Emilia Pardo Bazán, la cuestión lingüística todavía no ha recibido un examen detenido. Es más: algunos críticos han mantenido que el aspecto regional del lenguaje de las novelas de doña Emilia es escaso e insignificante. (1) Aun los que se han fijado en el carácter gallego de la expresión de sus obras lo mencionan de paso sin mucho análisis. (2) Aquí proponemos considerar el problema que planteaba para la Pardo Bazán el uso del habla regional y estudiar con detenimiento su resolución de este problema en Los Pazos de Ulloa. La curiosidad intelectual de Emilia Pardo Bazán abarcaba variadísimos aspectos de la vida y del arte, pero, no obstante, su región natal y la representación literaria de Galicia ocupan un puesto de predilección en sus escritos. Y no sólo lo artístico atraía a doña Emilia sino todo, incluso la controversia regionalista sobre el lenguaje. Dedicó, en efecto, al respecto el ensayo "¿Idioma o dialecto?" de la colección De mi tierra de 1888. Aquí evidencia su conocimiento del desarrollo de la ciencia lingüística en el siglo XIX, además de abogar por considerar dialecto el gallego. Pero, idioma o dialecto, el habla regional formaba parte de la realidad que quería captar la Pardo Bazán en sus obras de arte, y como tal representaba un problema para la novelista. Ella misma dice en los "Apuntes autobiográficos" (pág. 81) (3) que preceden Los Pazos de Ulloa en su primera edición: El campo me gusta tanto, que mi aspiración sería escribir una novela donde sólo figurasen labriegos; pero tropiezo con la dificultad del diálogo, tan inmensa, que Zola, el novelista de los atrevimientos, no osa arrastrarla, según acabo de leer en un periódico, y a los campesinos que describe en su obra actual La Tierra, no les hace hablar en patois, sino en francés. Todo lo puede el genio, y Zola orillará la dificultad; pero yo siento que las cosas gráficas, oportunas y maliciosas que dicen nuestros labriegos, son inseparables del añejo latín romanzado en que las pronuncian, y que un libro arlequín, mitad gallego y mitad castellano, sería feísimo engendro, tan feo como lindas las poesías, gallegas todas, en que resalta la frase campesina. Y, efectivamente, son pocos los episodios de Los Pazos en que desempeñan el papel principal los labriegos. (4) Pero no por eso desaparece completamente el problema del diálogo. Es sumamente interesante la resolución al problema que ya antes doña Emilia había esbozado en el prólogo a La dama joven, en 1885, porque tal resolución iba a ser la que determinaba la dicción de Los Pazos de Ulloa un año después: . . . yo me hago mi composición de lugar, y es como sigue: cuando habla el autor por cuenta propia, bien está que se muestre elegante, elocuente y, si cabe, perfecto . . . pero cuando haga hablar a sus personajes o analice su función cerebral y traduzca sus pensamientos, respete la forma en que se producen y no enmiende la plana a la vida. ( 5 ) Ahora bien, ¿en qué "forma se producían" entonces los gallegos? Carlos Martínez Barbeito describió la condición de la lengua en Galicia muchos años después, pero parece que no se había alterado mucho la situación desde la época de la Pardo Bazán. El castellano se hablaba en las ciudades, y el gallego en el campo; la clase alta así como la clase profesional empleaban el castellano, dejando el gallego para la clase baja rural. Pero el castellano de Galicia era un castellano agallegado, lo que Martínez Barbeito llama castrapo— "el castellano hablado con giros y fonética directamente procedentes del gallego." (6) Todo esto, pues, componía la realidad lingüística que Emilia Pardo Bazán quería transmitir a las páginas de Los Pazos de Ulloa. Recordemos, empero, que, según doña Emilia, la parte narrativa de una obra debe ser "elegante, elocuente y, si cabe, perfecta." Un análisis de Los Pazos revela el acatamiento de la autora a este precepto; cultismos como báquico, bélico, cinegético, hípico, iracundo y magno testifican a ello. (7) Sin embargo, aun en los pasajes narrativos la Pardo Bazán hace mención de trajes, bailes y comidas regionales, y por lo tanto bastantes elementos léxicos gallegos entran en su narración. También, por todas partes de Los Pazos, en el diálogo y enla narración, el vocabulario castellano indica el influjo del gallego. Cuando el castellano posee varias alternativas, como muchacho, chico, mozo y rapaz (cf. gallego rapaz) o perro y can (cf. gallego can), a menudo se emplea la palabra más parecida al término gallego, a pesar de la frecuente antigüedad o el poco uso de tal palabra en castellano. Otros ejemplos de este proceder son: (8) apañar:247--En vez de coger o recoger. Cf. gallego apañar. Carré, 91. ¡cata!:passim--En vez de ¡mira! Cf. gallego ¡cata! = ¡mira tu qué cosa! ¡ésa sí que era! Carré, 204. cazata: 179=cacería. Cf. gallego cazada. Las Americas, 36, y Carré, 205. cumple:167=el participio de obligación 'hay que.' Las Americas, 8. Cf. gallego cumpre. Carré, 232. A veces aparece una palabra castellana con su significado secundario o algo menos común debido a la analogía semántica con el gallego: carrero: 282—Camino. Las Americas, 277. Sendero; camino estrecho de a pie que se hace entre dos fincas labradías. Cot., 33. Cf. gallego carreiro. Carré, 200. crucero:168, et passim—Cruz monumental de piedra que se coloca en las encrucijadas de los caminos sobre un estilóbato o cerca de las iglesias. Carré, 230. Además, hay innumerables pasajes en que se encuentran elementos del habla regional de Galicia propiamente dicho. El vocabulario demuestra los rasgos más obvios. Corredoira, chapeo, meiga, pazo mismo y muchas palabras más de la novela provienen del gallego; el apéndice, que sin duda podría extenderse, al fin de nuestro estudio contiene más de cincuenta palabras gallegas halladas en Los Pazos. Pero la presencia del castrapo—el castellano influido por la fonética y la fraseología del gallego—en la pronunciación y la sintaxis del diálogo de los personajes es, si acaso menos obvia, más interesante. Veamos algunos ejemplos. La terminación característica del diminutivo en gallego, -iño, se afija a varias palabras en Los Pazos de Ulloa, sobretodo a nombres de personas: Gabrieliño, Julianciño, nochiñas,, Nuchiña, reiniña, Ritiña, Santiño, soliño, vaquiña. Doña Emilia misma comenta sobre "el diminutivo que tan cariñosa gracia adquiere en brazos del aldeano" (pág. 278). También el género de bastantes palabras gallegas difiere del de las palabras equivalentes en castellano, y a veces el témino castellano adopta el género gallego. Así en Los Pazos aparece "un costumbre" (pág. 259; cf. gallego un costume, Carré, 225). Las palabras castellanas pasan por múltiples transformaciones cuando las pronuncian miembros de la clase baja de Galicia. Así -ns- se reduce a -s- y -cc- a -c-; en Los Pazos vemos reflejadas ambas reducciones en costrución por "construcción" (pág. 168). En el caso de -cc-, estas dos consonantes se simplifican a -c- como en el ejemplo anterior, o la primera c se vocaliza, como en auciones (págs. 246, 259). El seseo de algunos gallegos se representa en una ocasión, en el habla de Perucho: "una ves" (pág. 279) . Cuando este mismo personaje pronuncia "bonito" como "bunito" (págs. 278, 279), muestra la frecuente cerrazón de la o inicial a u. La metátesis también se encuentra comúnmente; casos de ella son las formas porciamar (quizás una confusión de prefijos), presonas, trempano y trigues en lugar de proclamar, personas, temprano y tigres (págs. 259, 279, 279, 247). Arbole (pág. 279) contiene la e paragógica que muchas veces se agrega a palabras que terminan por consonante en castellano. En cambio, algunas palabras se reducen: "pujado" por "empujado" (pág. 185) muestra la aféresis, y "drecho" por "derecho" (pág. 247) la síncopa, dos reducciones del castrapo. Y por fin, el hecho de que el sonido de j no existe en gallego da origen al fenómeno que se llama la "geada," es decir, una confusión entre la j (fricativa sorda velar) y la g (fricativa sonora velar) de palabras castellanas. En Los Pazos se ve esto en "pagarito" (pág. 279) y en la forma "amijos" en el epitafio de Primitivo (pág. 283). (9) El gallego influye asimismo en algunos giros verbales, por ejemplo, en la intensificación doble de "muy grandísima" (pág. 168; véase Cot., 16). Además, hay un caso a lo menos de traducción directa de un modismo gallego al castellano. Cuando la campesina responde a la pregunta de Julián sobre la distancia a los pazos, su frase "la carrerita de un can" traduce a carreiriña d'un can, un dicho vago que, según Aubrey Bell, es "the Galician's classic answer to questions of distance." (10) Otro rasgo del castrapo el el uso de "mismo" de la manera demostrada por los siguientes ejemplos: "Mismo parecía loco; estuvo mismo para caer; corría mismo como una liebre" (Cot., págs. 21-22). Doña Emilia emplea este regionalismo varias veces: "¡Mismo parece cosa de milagro!" (pág. 195); "viro la cabeza mismo así" (pág. 246) y "traía la vaca mismo cogida así" (pág. 247). La sintaxis del gallego ejerce notable influencia sobre el castellano hablado en Galicia. En Los Pazos de Ulloa la Pardo Bazán refleja tal influencia, además de por los giros ya vistos, por el uso del infinitivo como forma imperativa, por el infinitivo anticipatorio, por algunos verbos auxiliares y por el orden de las palabras. Cotarelo señala que en Galicia "muchos sustituyen el presente de este modo [imperativo] con el infinitivo, diciendo: ¡callar!, ¡correr!, ¡venir!, ¡andar!, en vez de ¡callad!, etc." (pág. 18). Doña Emilia da varios ejemplos de esto: "¡Echar a ese hombre, señorito, echarle!", "¡No pedir gollerías!", "¡no sofocarse!", "¡abrir!", "¡no fastidiar!" (págs. 211, 227, 229, 246, 247), ora por el singular ora por el plural del imperativo. (11) También se registra el infinitivo anticipatorio en castrapo: "Es bastante común que el infinitivo se ponga delante de otro tiempo del mismo verbo. . . por ejemplo: ¡ser, é como un sol!" ( 12 ) Y en Los Pazos leemos: "Matar no me matará" y "Comer, no la has de comer" (págs. 211, 279). Al hablar castellano los gallegos emplean ciertos verbos auxiliares por analogía con los de su propia lengua. Por ejemplo, "tener" ocupa el lugar de "haber" en el perfecto, como en esta frase de la novela: "¿No tengo dicho que no quiero aquí pendones?" (págs. 171.) Bico de Rato y Perucho tienden a usar "haber de" más el infinitivo en lugar del tiempo futuro (cf. gallego hei d'ir), y el arcaísmo "habemos" reemplaza "hemos" en las páginas 246 y 247, como es frecuente en castrapo (véase Cot., pág. 19). Los verbos "sacar" y "quitar" son casi intercambiables: "Los gallegos confunden la significación de estos verbos, usándolos indistintamente; pero lo más común es que los empleen al contrario de lo debido" (Cot., págs. 24). Éste cambio ocurre una sola vez en la novela, en la expresión "saco el sombrero" (pág. 247). Hasta el orden de las palabras contadas veces siente el efecto del gallego y el pronombre complemento del verbo precede al infinitivo: "por se adivirtir", "no debe de los haber" y "a se reír" (págs. 240, 247, 279). Así que son muchos los aspectos del habla regional que se incluyen en Los Pazos de Ulloa. Pero tales elementos representaban un serio problema para la autora. Si la novela fuera escrita enteramente en el castellano más puro, no sería realista; por el contrario, una obra repleta de regionalismos podría resultar difícil de entender para los lectores no gallegos. Enfrentada con este dilema, como hemos dicho, la Pardo Bazán suele escribir las partes narrativas de su novela en un castellano neto y elegante, aunque con la influencia del vocabulario gallego, e inserta las deformaciones léxicas del castrapo y los dialectalismos sintácticos en la conversación de sus personajes. Pero aún quedaba el problema de comprensión para el lector, y por consiguiente doña Emilia se vio obligada a echar mano de varios métodos para introducir términos regionales. Unas cuantas veces evade el problema diciendo que tal o cual personaje habló "en dialecto." Pero, cuando de veras emplea el dialecto, muchas palabras insertadas son semejantes al castellano (p. e., porta), y las letras itálicas a veces avisan al lector de que se trata de un vocablo gallego. En ciertos casos una traducción al castellano aparece entre paréntesis, p. e., "corredoira (camino hondo)" en la pág. 255, o como forma alternativa: "vinieron a reclamar su parva o desayuno" (pág. 186). Cuando es precisa más explicación, se da una definición más extendida: el guiso de intestinos de castrón, hígado y bofes, llamado en el país mataburrillo [pág. 186] sentadas en "tallos"—asientos de tronco de roble bruto, como los que usan los labriegos más pobres [pág. 224] le seducían principalmente unos ochavos roñosos, llamados de "la fortuna" en el país [pág. 274] Otro truco empleado por doña Emilia es evidente especialmente en el capítulo XXI. Aquí se refiere a una cosa primero por su nombre castellano y poco después, claramente aludiendo a la misma cosa, por su nombre gallego o castrapo. Por ejemplo, el abad de Naya le pregunta a Bico de Pato "¿no te has tropezado tú nunca con ningún tigre?" y la respuesta contiene una metátesis característica del castrapo: "Lo que es 'trigues'" (págs. 247). De modo semejante tórtolas y sombrero explican rulas y chapeo (págs. 247, 248). Emilia Pardo Bazán se sirve de este regionalismo lingüístico para pintar de manera realista los personajes de su novela. Una consecuencia interesante de esto es que el lenguaje demarca la clase social de los personajes. Generalmente, cuanto más baja la persona está en la escala social, tanto más influjo regional se halla en su lenguaje. Los aristócratas de Santiago, como don Manuel Pardo de la Lage y sus hijas, de costumbre hablan castellano, pero no sin cierto dejo castrapo. Nucha emplea el diminutivo -iño, y su padre aun cuenta chistes "en dialecto" (pág. 209). El lenguaje de los aristócratas del campo también se resiente de la influencia del gallego; así es que Pedro Moscoso intercala expresiones locales en su conversación (p. e., págs. 171, 192 198). Los miembros de la clase profesional del campo (como el médico, Máximo Juncal) y del clero rural (p.e. el cura da Naya) asimismo exhiben los efectos del castrapo. Hay otros que tienen, si no tanta ascendencia social, quizás más poder efectivo en el campo. El mayordomo Primitivo Suárez y los caciques, Barbacana y Trampeta, ejemplifican este nivel social en Los Pazos: como es de esperar, el lenguaje regional es evidente en su boca. Los mayordomos, campesinos que han subido un poco en la escala social, se esfuerzan por hablar un castellano puro; la Pardo Bazán describe los resultados cómicos de tal esfuerzo en el sucesor de Primitivo en La Madre Naturaleza, "el Gallo": También era para él gran preocupación el hablar, pues se esforzaba en que sus labios olvidasen el dialecto a que estaban avezados desde la niñez, y no pronunciasen sino un castellano que sería muy correcto si salvásemos las innumerables jeadas, contracciones, diptongos, barbarismos v otros lunarcillos de su parla selecta, [pág. 334] El nivel más bajo de la sociedad—los labriegos iletrados, los cazadores, y otros-—proporciona la muestra más acusada del castrapo. Bico de Rato y Perucho, éste último tratado y educado casi como si fuera hijo de un labrador, demuestran más que ningunos otros los giros dialectales que examinamos. En efecto, los cuentos relatados por estos dos personajes (págs. 246-48 y 279) contienen la concentración más grande del habla regional de esta novela, y muchos elementos lingüísticos de estos cuentos son del tipo que, según Cotarelo, "sólo se presentan en el lenguaje de los ignorantes." Las mujeres de la clase baja también revelan la influencia lingüística de su región; una campesina vagamente dirige a Julián hacia los pazos "en dialecto," y Sabel y Maris la Sabia tampoco escapan de esta influencia. En resumidas cuentas, pues, ésta es la resolución práctica que dio Emilia Pardo Bazán al problema del habla regional en Los Pazos de Ulloa. Los pasajes narrativos, correctos y aun elegantes, encierran cierto sabor a Galicia en el vocabulario, así en términos gallegos como en la selección de palabras castellanas; mientras que la expresión de los personajes, especialmente los de la clase baja, incluye no sólo el léxico gallego y castrapo sino también elementos sintácticos influidos por el gallego. El habla regional, entonces, aunque quizás no se destaque en términos cuantitativos, importa por el regionalismo y el realismo que aporta a la obra. Al escribir esta novela, sin embargo, doña Emilia angustiaba mucho sobre esta cuestión; ya hemos visto sus propias palabras en los "Apuntes autobiográficos." Y hemos visto lo que hace. La representación léxica y sintáctica del habla local, sí; pero también la introducción tan cuidadosa de estos elementos por medio de la traducción entre paréntesis, la definición, la repetición en castellano, etc. Como hemos señalado, son pocas las escenas en que los labriegos hacen el papel principal, y no hay nada de frases enteres en gallego; la autora dice en los mismos "Apuntes autobiográficos" (pág. 82) "no he escrito en gallego hasta la fecha una línea sola." En La madre Naturaleza, continuación de Los Pazos de Ulloa publicada en 1887, Emilia Pardo Bazán mantiene el mismo procedimiento general en cuanto al problema de la lengua. Pero aquí doña Emilia parece tener más confianza; se vale de muchos elementos gallegos y castrapos (muchos personajes son de la clase baja rural), y aun introduce versos en gallego. (13) Por el contrario, en Los Pazos había varias escenas muy convenientes para algo parecido, pero no las había aprovechado la novelista; una vez describió, pero no presentó, una nana (pág. 242), y en otra ocasión Perucho trató de arrullar a la niña de Nucha, pero sin versos en gallego (pág. 278). En 1888, poco después de la publicación de La madre Naturaleza, la Pardo Bazán manifiesta aun más certeza al decir: todo español medianamente ilustrado debe entender fácilmente el gallego, por su analogía con la fabla antigua, por la estructura y por la cantidad enorme de voces iguales o muy parecidas que figuran en gallego y en castellano, [De mi tierra, págs. 108-109] Pese a esta aparente confianza, es evidente que por las fechas en que escribía Los Pazos de Ulloa el habla regional de Galicia representaba un verdadero problema para Emilia Pardo Bazán. En su resolución de este problema también son evidentes el conocimiento lingüístico y los recursos artísticos de una gran novelista. Apéndice Glosario de palabras gallegas en Los Pazos de Ulloa (14) abade: 185—Abad. Carré, 39. abofé: 209—Ciertamente, de verdad. Contracción de a boa fe. Carré, 42. adivirtirse: 240—Adivertirse=Divertirse. Carré, 49. La e pretónica aqui camia a i, como es común en gallego. Cot., 12. aquillotrarse: 211--Preparse. Las Américas, 111. atruxar: 185—Lanzar los gritos finales propios de algunas canciones gallegas. Las Américas, 49. Cf. aturujar. Cot., 2 bico: 279—Pico. Carré, 152. Bico de Rato: 245, et passim. También usado en el apodo bocalán: 267—Mal hablado, grosero, soez. Que usa palabras inconvenientes y obscenas. Carré, 156. bodrio: 182—Caldo con algunas sobras de sopas, mendrugos, verduras y legumbres. Las Americas, 42. casabe: 184—Bata de mujer. Peinador. Carré, 202. compaña: 185, 243-—1. Persona que acompaña a otra. 2. Procesión nocturna de las almas en pena. Carré, 215. corpino: 222—Diminutivo de corpo=cuerpo. Almilla o jubón sin mangas. Véase Juan Naya Pérez, El traje (Cuadernos de arte gallego, núm. 39), Vigo, 1964, pág. 25. corredoira: 255—Camino de carro. Carré, 223. chapeo: 248—Sombrero. Carré, 236. chosco: 279—Entornado; dícese especialmente de los ojos; bizco, tuerto. Cot., 37. diaño: 246, 279—Demonio. Diablo. Carré, 260. ducia: 220—Docena. Conjunto de doce cosas de una misma especie. Carré, 264. escotar: 189, 247—Echar. Las Americas, 58. espetar: 246—Clavar, hincar, pinchar. Carré, 301. espilirse: 198—Aligerarse. Despabilarse. Carré, 302. esquecer: 183—Olvidar. Carré, 303. fachón: 185—Hachón. Augmentativo de facho. facho=antorcha que se encendia en una eminencia o torre como señal o para servir de guía. Carré, 312. faucioso: 267—Faccioso. Que forma parte de una facción armada. Carré, 316. ferrado: 219—Medida de granos. Varía según las comarcas desde 13 litros y 13 centílitros hasta 16 litros y 15 centílitros.-—Medida superficial. Varía desde 625 varas cuadradas hasta 900, según comarca; 440 a 500 m.2 aproximadamente. Carré, 318. ferradura: 195—Herradura. Carré, 319. fol: 186—Fuelle. Especie de saco, hecho con piel de carnero, para llevar grano o harina. Piel de perro o gato, entera, que forma el depósito de aire de la gaita. Amor, 28. gayola: 174—Jaula. Carré, 338. herbeiro: 219, 277—Lugar donde se guarda la hierba. Las Americas, 130. horn: 247—Variante de ho. Ho=hombre; apócope de home. Carré, 345. ichavo: 247—Ochavo. Pequeña moneda de cobre. Carré, 347. lacón: 182, et passim--Jamón pequeño, Carré, 353. lar: 279, et passim-—Hogar. Sitio en donde se enciende el fuego para hacer de comer. Carré, 356. lareira: 183-—Piedra del hogar, sobre la que se enciende el fuego. Carré, 357. larpán: 268—Glotón. Carré, 357. leria: 192--Charla. Conversación. Palabras vanas. Habladuría. Carré, 360. mallar: 268—Majar. Trillar. Quebrantar la mies tendida en la eirá para separar el grano de la paja. Zurrar, apalear. Carré, 371. mantelo: 191—Delantal de paño que cubre toda la falda de las mujeres. Se adornaba con abalorios, bordados y franjas de terciopelo. Carré, 373-4. mataburrillo: 186—Un guiso de intestinos de castrón, hígado y bofes. Definición de la Pardo Bazán misma, 186. meiga: 246—Hechicera. Bruja. Carré, 378. millo: 279—Maíz. Carré, 382. misia: 203—Señora. Contracción de miña señora. Carré, 383. muiñeira: 186—(=molinera) Baile típico gallego de gran gallardía y belleza. Son con que se baila. Carré, 388. parolar: 171—Hablar. Conversar. Carré, 408. parva: 186—Refección leve que se toma en días de ayuno. Carré, 408. La Pardo Bazán parece emplearlo para significar "desayuno." pazo: passim—Palacio. —Casa señorial o solariega. Carré, 410. pillar: 196—Coger. Tomar con la mano. Recoger. Carré, 417. pinguita: 173—Diminutivo (castellano) de pinga=gota. Carré, 418. porta: 279—Puerta. Carré, 421. pote: 170—Olla. Vasija de barro cocido o de hierro, con tres pies, en donde se hace el caldo, las papas, etc. Carré, 421. pucho: 250—Gorro. Sombrero. Carré, 427. punteiro: 185, et passim—Puntero. —Parte de la gaita gallega que tiene diversos agujeros para ejecutar la escala. Carré, raposo: 260—Zorro. Carré, 434. resolio: 190--Bebida de aguardiente mezclado con azúcar, canela u otros ingredientes olorosos. Las Américas, 61. riba: 246—(adv.) Encima. Amor, 34. riveirana: 226—(Ribeirana) Baile típico gallego. Tiene que ser bailado por varias parejas. Es armónico, rítmico, elegante. Amor, 34. rula: 247, 278—Tórtola. Carré, 452. seique: 262—(adv.) Carré, 457. Creo que. Entiendo que. —Acaso. tallo: 224—Tajo. Tajuelo, banco rústico, para asiento de una persona. Carré, 468-9. trasno: 246—Trasgo. Duende. Carré, 480. Cot. dice que esta palabra es un barbarismo (pág. 24). tulla: 219—Silo. Cueva o lugar oscuro o seco en donde se guarda el trigo y otros frutos. Arcón para el mismo uso. Carré, 485. vila: 212, 220—Villa. Carré, 492. Notas (1) Aubrey F. G. Bell, Contemporary Spanish Literature, 2a ed. (Nueva York, 1933), págs. 65-66, acepta sin más análisis la declaración de la Pardo Bazán de que para ella es difícil el diálogo campesino. Hasta el gallego Emilio González López, Emilia Pardo Bazán: novelista de Galicia (Nueva York, 1944), págs. 147-48, dice que apenas hay localismo lingüístico en las obras de la Pardo Bazán. (2) Por ejemplo: Armando Cotarelo y Valledor, El castellano en Galicia: notas y observaciones (Madrid, 1927), pág. 7 (nota); William J. Entwistle, The Spanish Language (Londres, 1962), pág. 305; Rafael Lapesa, Historia de la lengua española, 5a ed. (Madrid, 1959), pág. 282. Cyrus DeCoster entra en más detalles con algunas agudas observaciones sobre la comicidad del lenguaje de los campesinos y la del empleo de palabras cultas. Cyrus DeCoster, "Humor in Los Pazos de Ulloa and La madre Naturaleza," Homenaje a Rodríguez Moñino, I (Madrid, 1966), 128-30. (3) Debemos estos "Apuntes autobiográficos" a la bondad del profesor José Amor y Vázquez de brown University. (4) González López (págs. 147-48) apunta esta infrecuencia de campesinos en las obras de la Pardo Bazán. Sin embargo, no estamos de acuerdo con su idea de que el habla regional por consiguiente sea inconsecuente en los escritos de doña Emilia. (7) Todo esto cabe bien dentro de la tendencia de la Pardo Bazán a una visión aristocrática del arte: "Art, says Doña Emilia, cannot be vulgarized. The more one tries to put it within reach of the masses, the more it must be placed on a lower plane. . . . The people are disinterested in art and in science. They are engrossed only by those aspects which seem to be of immediate profit and advantage to them—towards all else they show a stony indifference." Robert E. Osborne, "The Critical Ideas of Emilia Pardo Bazán," Tesis de Doctorado, Brown University, Providence, R. I., 1948, pág. 22. (8) Los números que siguen las palabras de esta lista (y las otras listas de nuestro estudio) y también los que siguen trozos citados denotan las páginas de Los Pazos de Ulloa en las que aparecen estas palabras según Las obras completas de Emilia Pardo Bazán (novelas y cuentos), tomo I, Madrid: Aguilar, 1957. Las abreviaturas siguientes se usan en éste y en todos los glosarios de nuestro estudio. Las más veces citamos directamente las definiciones de estas fuentes: Las Américas=Las notas a la edición de Los Pazos por la Editorial Las Américas, Nueva York, 1961. Amor=José Amor y Vázquez. "Galicia y Valle-Inclán: elementos gallegos en su obra." Tesis de Maestro, Brown University, Providence, R. I., 1952. Carré=Leandro Carré Alvarellos. Diccionario galego-castelán. La Coruña, 1933. Cot.=Armando Cotarelo y Valledor. El castellano en Galicia: notas y observaciones. Madrid, 1927. (9) Cotarelo y Valledor (págs. 12-16) describe los aspectos del castrapo que hemos tratado en este párrafo. (10) Aubrey F. G. Bell, Spanish Galicia (Nueva York, 1923), pág. 24. (11) Hay que notar, con todo, que el uso del infinitivo como imperativo no es nada exclusivo a Galicia. Varios otros usos que apuntamos también ocurren fuera de Galicia. (13) La canción de la página 386 (La madre Naturaleza) se halla en el Cancionero popular gallego por José Pérez Ballesteros, una colección que alabó la Pardo Bazán en De mi tierra (vol. IX, págs. 113-40, de las Obras completas de Emilia Pardo Bazán); además, ella elogia la misma copla que vemos en La madre Naturaleza. Esta colección no fue publicada hasta 1886, quizás por eso doña Emilia no incluyó versos gallegos en Los Pazos, aunque habría otras fuentes que pudiera usar si quisiera. Pero, una frase de los "Apuntes autobiográficos" (pág. 81) indica que doña Emilia ya entonces planeaba por lo menos, o tal vez tenía escrita en gran parte, La madre Naturaleza. (14) Para las abreviaturas que aparecen en este apéndice véase la nota 7. (5) Citado por Andrés González-Blanco, "Emilia Pardo Bazán," La lectura, I ( 1908 ), 163 . Galicia (Barcelona , 1957 ), pág. 46 . (12) José Pérez Ballesteros, Cancionero popular gallego (Madrid, 1886 ), II, 80 .


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Ronald J. Quirk. El problema del habla regional en Los Pazos de Ulloa, Inti: Revista de literatura hispánica, 2018,