Cuando la ciencia despertaba fantasías. Prensa, literatura y ocultismo en la Argentina de entresiglos

Prismas, Jan 2016

Nicolás Viotti

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Cuando la ciencia despertaba fantasías. Prensa, literatura y ocultismo en la Argentina de entresiglos

Soledad Quereilhac, Cuando la ciencia despertaba fantasías. Prensa, literatura y ocultismo en la Argentina de entresiglos, Buenos Aires, Siglo xxi, 2016, 301 páginas El libro de Soledad Quereilhac viene a llenar un espacio vacante en la sociología y en la historia cultural argentinas desde hace mucho tiempo. Cuando la ciencia despertaba fantasías se adentra en los modos de imaginar lo “científico” en la cultura urbana de Buenos Aires en las últimas décadas del siglo xix y las primeras del xx. Sus focos de análisis son tres procesos simultáneos: la prensa masiva, religiosidades como el espiritismo y la teosofía y la literatura “fantástico científica”. En esa articulación de manifestaciones diversas de lo “científico” se encuentra un punto de vista original, porque se sale de los límites formales de la historia intelectual, la sociología y la historia de la ciencia, pero también de los trabajos sobre religión, para adentrarse en un análisis de la circulación social del imaginario de lo “científico” en una forma cultural más amplia y heterogénea. El recurso a la idea de “estructura de sentimientos” de Raymond Williams, tantas veces citada pero no siempre acompañada de las necesarias mediaciones entre procesos sociales, ejemplos empíricos y recurrencias prácticodiscursivas, aparece aquí como una herramienta de análisis ejemplar, dando cuenta de un orden de experiencia extenso, heterogéneo y poroso sin por 340 Prismas, Nº 20, 2016 ello dejar de ser coherente. En suma, anclado en la historia cultural el trabajo se enmarca en el análisis de un proceso que excede lo puramente institucional de los círculos científicos, periodísticos, literarios o religiosos para arriesgar una lectura transversal de la “posibilidad de lo científico”. El estatuto de la prensa masiva resulta crucial en la medida en que hacia fines del siglo xix esa institución supuso la creación de nuevos lectores y un público letrado ampliado que puso en disponibilidad una idea “maravillosa” de lo científico que tuvo mucho de fuerza mítica. De este modo, lo “científico” y lo “sobrenatural” supusieron hibridaciones permanentes, como por ejemplo en las discusiones sobre la hipnosis, la electricidad, la proto-eugenesia inspirada en la teoría de la selección natural, los viajes espaciales o los rayos x. Todo ello mostró una amplitud inusitada en las ideas sociales en torno de la ciencia que incluso se extendían hacia las periferias de lo científico, como por ejemplo los viejos temas de la mediumnidad o el problema mágiconaturalista del “magnetismo animal”, para explicarlos. La relación entre ciencia y vulgarización es un tema que atraviesa el estudio de un modo significativo. Allí la autora, si bien opta por una distinción entre ciencia pura y divulgación, que supone una “distorsión” (p. 31), sugiere que los propios científicos, lejos de ocuparse únicamente de la actividad académica, circulaban por los espacios de la divulgación fomentando ideas de una concepción “maravillosa” de la ciencia. Ese aspecto resulta crucial porque, a pesar de separar metodológicamente esos ámbitos, muestra una pista sobre la continuidad entre “ciencia pura” y “divulgación”. Las fronteras borrosas que la misma autora detecta podrían acercar esa separación en un mismo continuo cultural más amplio que incluya a la ciencia misma. Un análisis más centrado en ese proceso podría mostrar cómo la concepción “mecánica del mundo”, consolidada durante el siglo xix por una cosmología naturalista, tuvo siempre una concepción simultánea que no abandonó del todo la dimensión “metafísica”. En ese sentido, la ciencia decimonónica no puede leerse en sí misma a la luz del empirismo radicalizado o de la concepción de “evidencia” del siglo xxi, no solo porque, como sugiere el trabajo de Quereilhac, sus modos de difusión así lo muestran. También porque sus propias ideas de la ciencia oscilaban en esa lógica. Ese aspecto es todavía controvertido y serán necesarios estudios específicos sobre ese espacio hiperletrado de la producción de saberes científicos en la Argentina que discutan comparativamente las semejanzas y las diferencias de las ideas de “prueba científica” en la larga duración del siglo xx. Un segundo aspecto caro a Cuando la ciencia despertaba fantasías tiene que ver con los modos en que lo “científico” se encarnó en las corrientes espiritistas y en la teosofía. Con respecto al espiritismo, ya analizado en su importancia para las elites educadas de entresiglos por algunos historiadores de la religión en la Argentina, resulta significativo lo que es entendido como “cruces de frontera” entre la espiritualidad y la ciencia empírica. Un caso ejemplar son los ecos locales de los experimentos del fisiólogo francés Charles Richet, futuro premio Nobel de medicina, quien fotografiara el “cuerpo fluídico emanado de un médium”. Mas allá de la importancia de la socialidad y el sistema de circulación de ideas de las organizaciones espiritistas locales, como Sociedad Constancia y La Fraternidad, lo central del análisis se basa en la reconstrucción de algunas controversias entre espiritistas convencidos y reconocidos científicos, habitualmente jueces y cuestionadores del espiritismo como “superchería”. Este hecho, según Quereilhac, pone de manifiesto la importancia de la búsqueda de legitimación de las condiciones “empíricas” de la presencia de lo “sobrenatural” y la conformación de un “espiritismo científico” que convertía toda manifestación del espíritu en un objeto de materialización: fluidos, fotografía y registros sonoros. Sobre estas manifestaciones de la materialidad, llama la atención la poca presencia de lo que en otros contextos, como por ejemplo en el Brasil, tuvo la escritura de los espíritus o “psicografía” como manifestación gráfica. Vinculada, posiblemente, a diferentes modelos y valoraciones de lo letrado en ambos países. El recurso a lo material como comprobación de la presencia espiritual, señala la autora, se inspiraba también en el carácter hipotético y provisorio de toda la ciencia empírica. Si todavía no se conocía el fundamento de la manifestación espiritual no era porque esta estuviese fuera del orden humano, sino justamente por ser claramente un fenómeno de ese orden y por lo tanto todavía desconocido por la ciencia positiva. El análisis sobre el mesmerismo animal, y su órgano de difusión –la Revista Magnetológica Argentina– es puesto en esa línea argumental. Los recursos que la nueva “ciencia magnetológica” proporcionaban a los frecuentadores del espiritismo, los científicos aficionados o incluso los profesionales, les permitía justificar el fundamento empírico de viejas prácticas fuertemente consolidadas en la religiosidad popular. La hechicería, práctica habitual entre los colectivos del mundo popular europeo, indígena y de origen africano que poblaban la Buenos Aires de entonces, era releída como un hecho verídico y no como una superchería, pero en lugar de atribuir el padecimiento a una fuerza “mágica” invisible causada por ot (...truncated)


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Nicolás Viotti. Cuando la ciencia despertaba fantasías. Prensa, literatura y ocultismo en la Argentina de entresiglos, Prismas, 2016, pp. 336-339, Volume 20, Issue 1,