La dirección escolar. Tres claves para maximizar su impacto
RMIE, 2018, VOL. 23, NÚM. 77, PP. 643-650 (ISSN: 14056666)
Reseña
Fullan, Michael (2016). La dirección escolar.
Tres claves para maximizar su impacto, Madrid: Morata.
LA DIRECCIÓN ESCOLAR
Tres claves para maximizar su impacto
TIBURCIO MORENO OLIVOS
E
l autor del libro que se reseña es un investigador canadiense experto en
cambio educativo, muy prestigiado y reconocido internacionalmente.
Varias de sus obras educativas han sido traducidas desde hace ya varias
décadas. En esta ocasión nos referiremos a su último libro que ha sido
publicado en castellano y que lleva por título: “La dirección escolar. Tres
claves para maximizar su impacto”, de Michael Fullan, cuyo contenido se
refiere fundamentalmente a una de las funciones vitales de los sistemas
educativos: la dirección escolar.
Desde el principio el autor deja bien establecida la relevancia de la
temática de la obra: “la dirección es el segundo factor más importante (a
continuación del profesor o maestro) en cuanto a la influencia sobre el
aprendizaje del estudiante” (p. 11). Si consideramos la vasta experiencia de
Fullan como investigador educativo y asesor de diversos sistemas educativos
en distintos países del mundo desarrollado, es menester reconocer que se
trata de una voz autorizada para hablar acerca de este importante tema.
Otra noción central que aparece en las primeras páginas plantea que
“la línea base es que la vida podría cambiar marcadamente a mejor para
la dirección escolar” (p. 12), con lo que introduce una idea esperanzadora
de que se avecinan tiempos de cambio para la dirección escolar y que esos
cambios serán sustancialmente mejores.
Tiburcio Moreno Olivos: profesor del Departamento de Tecnologías de la Información en la Universidad Autónoma
Metropolitana, Unidad Cuajimalpa. Avenida Vasco de Quiroga 4871, colonia Santa Fe Cuajimalpa, delegación
Cuajimalpa de Morelos, 05348, Ciudad de México, CE:
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Moreno Olivos
Una de las problemáticas que ha afectado al profesorado en las últimas
décadas es la intensificación del trabajo docente, la sobresaturación de actividades que en casos extremos ha conducido al síndrome de burnout o del
profesor quemado. Pues bien, los directores escolares tampoco parecen escapar
a este fenómeno “las responsabilidades de los equipos directivos escolares han
aumentado enormemente durante los últimos decenios, se espera que dirijan
una escuela tranquila; gestionen su salud, la seguridad y el edificio; innoven
sin molestar a nadie; conecten con estudiantes y profesores; respondan ante
los padres y la comunidad, respondan antes sus distritos, y, por encima de
todo presenten resultados”. Ante este cúmulo de responsabilidades “los están
empujando cada vez más a que sean líderes docentes directos y ahí está el
problema” (p. 18), puntualiza el autor.
En el capítulo 1 se afirma que el objeto del libro es reposicionar el
rol del director como líder docente general de manera que maximice el
aprendizaje de todos los profesores y, a su vez de todos los estudiantes. Sin
duda se trata de un objetivo ambicioso, no obstante, al concluir la lectura
de la obra uno queda convencido de que se ha logrado plenamente este
propósito. El autor transmite una visión prometedora acerca del nuevo
papel del director, pues está convencido de que el reposicionamiento de esta
figura arrojará unos resultados de aprendizaje más amplios y profundos,
y más factibles además. Y considera que al recentrar el papel del director
escolar, se pone a nuestro alcance a éste como agente clave del cambio.
Esta obra es muy importante para el contexto educativo mexicano, toda
vez que las reformas más recientes para la educación obligatoria plantean
nuevos escenarios en los que la figura del director se torna vital para lograr cristalizar los objetivos de cambio propuestos. Sin duda, la reforma
actualmente en marcha plantea un conjunto de desafíos para la escuela
en su conjunto, y particularmente, para la dirección escolar en donde
las competencias profesionales del director resultan esenciales, pues “la
capacidad de navegar, de ayudar a otros a navegar a través de estas aguas
turbulentas requerirá un nuevo tipo de liderazgo” (p. 19). El libro se centra
en lo que los equipos directivos escolares deben saber si quieren liderar el
aprendizaje de manera que allane el camino para mejorar el rendimiento
del alumno de forma fehaciente.
Qué duda cabe que estamos viviendo una época de profundos cambios
y transformaciones en todas las esferas de la vida, es por ello que Fullan,
refiriéndose al ámbito educativo asume una postura crítica al plantear
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Consejo Mexicano de Investigación Educativa
La dirección escolar: Tres claves para maximizar su impacto
que hoy estamos en otro momento crucial. El recomendado rol docente
del director escolar centrado en detalles específicos (microgestión) está
volviéndose ineficaz para provocar el cambio a una escala significativa. La
otra cara de esta minuciosidad actual ha sido facilitar una mayor autonomía del director a cambio de una rendición de cuentas con repercusiones
importantes: “¡Pulir o perecer!”.
En el capítulo 2 el autor reflexiona sobre el hecho de que cuanto mayor es la sensación de urgencia (se atiende lo urgente más que lo importante, se dice coloquialmente), mayor es la ansiedad y peor la solución
intentada. Sabemos que una crisis sin una estrategia es una receta para
la acción aleatoria y la frustración creciente. Se analiza cómo y por qué
seguimos “haciéndolo mal” y se concluye con una idea prometedora de
que existen unas virtudes nuevas asequibles en las cuales nos podemos
centrar y emprender la acción. En este apartado también se sostiene que
el director tiene que ser un líder equilibrado, que minimice las acciones
contraproducentes y se especialice en las acciones generadoras que brinden
resultados positivos.
En esta obra el autor toca un tema que se incluye en el discurso de la
actual reforma educativa en México, que es el de los estándares, del cual
según mi percepción se sabe poco entre los directores escolares, aunque no
solo entre ellos. Al respecto se afirma que los estándares y la rendición de
cuentas son estrategias extremadamente débiles para impulsar una reforma.
La rendición de cuentas asume que lo más importante es asegurarse de
que una persona “de abajo” actúa de acuerdo con las directrices o criterios
impuestos por alguien superior, puntualiza el autor. Y continúa señalando
que es comprensible (pero equivocado) concluir que, como a menudo el
sistema educativo carece de un enfoque definido, debemos reforzarlo con
una fuerte rendición directa de cuentas. Los sistemas humanos no son tan
sencillos. En el mejor de los casos el palo y la zanahoria solo funciona a
corto plazo, y siempre es disfuncional a medio y largo plazos.
Este es un asunto neurálgico si consideramos que las políticas de evaluación en el sistema educativo mexicano conceden gran peso a la rendición de cuentas por parte de las escuelas (Moreno, (...truncated)