Carta al editor
THERYA, Diciembre, 2010
Vol.1(3):155-157
DOI: 10.12933/therya-10-26
Carta al editor
Recientemente tuvo lugar la presentación de un genoma virtualmente completo de
Homo neanderthalensis, diez años después de la conclusión del primer genoma de
nuestra especie. Pocos dudan de que estos proyectos emblemáticos, junto con otros de
menor difusión general, como aquellos orientados a documentar la diversidad humana
a escala genómica o subgenómica, la caracterización funcional de células y tejidos en
estados normales y patológicos en base a transcrptomas y proteomas, y los esfuerzos por
documentar las bases genéticas de enfermedades humanas que eluden el abordaje gen
a gen, han propiciado un estado de revolución permanente en la genética humana y las
ciencias biomédicas. Naturalmente, las proezas tecnológicas que sustentan todos estos
desarrollos no son sino una faceta de un proceso científico que involucra, entre otras
disciplinas, al análisis filogenético y la genética de poblaciones. Cabe preguntarse en
qué medida y de qué modo el estudio de la diversidad de los mamíferos se ha acoplado
a las transformaciones de la genómica, término que usaré en el más amplio sentido para
referirme al estudio de la variación genética y de sus productos a gran escala (digamos,
dos o más órdenes de magnitud por encima de los abordajes clásicos basados en no
más de algunas decenas de loci). Esta pregunta puede realizarse, en primer lugar, en el
papel de observador, para detectar tendencias en curso en nuestro campo de estudio.
Pero también importa plantearse qué podemos y debemos hacer para enriquecer nuestra
actividad científica y educativa a la luz de estos desarrollos.
Uno de los campos que ha acompañado el creciente acceso a secuencias de ADN
ha sido el del análisis filogenético. Los análisis basados en varios loci, aún lejos de la
escala genómica, han modificado de manera sustantiva nuestra comprensión de las
grandes líneas de diversificación de los placentados y del modo como dicha diversidad
se ha asociado a la historia geológica del planeta. Los proyectos genómicos que buscan
ampliar la representación de los mamíferos con criterios filogenéticos han comenzado
a proveer una base comparativa más rica y cercana a los intereses de los sistemáticos
que los clásicos estudios centrados fuertemente en los humanos y unas pocas especies
de laboratorio. Muy pronto tendremos a disposición varios genomas de cada uno los
órdenes de mamíferos, y la diversidad, calidad y cobertura de dichos genomas continuarán
creciendo. Los mastozoólogos interesados en los procesos de diversificación evolutiva
tienen en estas bases de datos una fuente inagotable de información, que representan: 1)
un rico punto de partida para estudios filogenéticos con múltiples loci; 2) la posibilidad de
contrastar patrones en genes candidatos a estar involucrados en procesos de diversificación
adaptativa (en respuesta, por ejemplo, a una diversidad de ambientes y modos de vida)
con otros presuntamente neutrales; y 3) grupos de sintenia relativamente conservados,
que ofrecen oportunidades para mapear la variación genética, hasta cierto punto, aún en
ausencia de mapas físicos detallados en los organismos de interés.
Varias bases de datos asociadas a los esfuerzos de secuenciación son de especial
interés de los estudiosos de la diversidad de los mamíferos. Por aquellas dedicadas a
catalogar las funciones y la localización temporal y espacial de la expresión de genes
(“ontología de genes”) son de especial interés para los estudios fisiológicos y funcionales
comparativos. Por ejemplo, ¿qué genes y regiones del genoma han estado involucrados en
la adaptación al vuelo, a la inmersión prolongada, a la ecolocación, a la vida en ambientes
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desérticos o en altas latitudes, o a la nectarivoría? Las ontologías de genes nos ofrecen
la oportunidad de desarrollar al menos un primer conjunto de hipótesis, incompleto pero
significativo, para orientar el estudio de estos problemas. Pero antes de apresurarnos a
secuenciar genes candidatos a estar involucrados en estos procesos, debiéramos considerar
estrategias alternativas, como lo son el estudio masivo de la expresión génica en órganos
de particular interés (transcriptomas), o la comparación de grados de diversidad dentro y
entre formas a escala genómica. En otras palabras, las estrategias “cerradas” u orientadas
a genes o sistemas de genes predeterminados se complementan con abordajes “abiertos”
a la detección de genes y regiones del genoma no necesariamente identificables a priori.
Y debemos también recordar que la divergencia en secuencias codificantes para proteínas
no es la única forma relevante de cambio adaptativo, y que cambios en el número de
copias de los miembros de familias multigénicas y en su grado, localización, y tiempo de
expresión son también importantes.
Los estudios de escala genómica han permitido visualizar la importante distinción,
anticipada por la teoría, entre árboles de genes y árboles de especies. Así, es esperable
que al comparar especies resultantes de eventos de divergencia que se han sucedido en
poco tiempo, se detecten loci o regiones genómicas con distintos patrones de relaciones
filogenéticas, y, por tanto, diferentes a las relaciones entre las especies muestreadas en
una fracción de los casos. Las comparaciones a escala genómica entre nuestra especie y
sus parientes más cercanos (el “hombre de Neandertal”, chimpancé, bonobo y gorila) así
lo ilustran.
La comprensión de cómo y en qué medida se producen estas discordancias genalógicas
entre loci nos lleva a otro de los grandes campos en estado de revolución permanente, el
de la genética de poblaciones. La teoría de la coalescencia ofrece un marco natural para
abordar este problema, tanto para loci estrictamente neutros como para aquellos que se
apartan de la neutralidad. Más allá de cuestiones técnicas, conviene destacar que los
patrones de variación de, por ejemplo, el genoma mitocondrial, deben ser vistos como
realizaciones particulares de procesos estocásticos de resultados muy variables. Por
una parte, esta perspectiva permitiría evitar los excesos que se han cometido y cometen
en el campo de la filogeografía en base a la infundada convicción de que los árboles
de genes mitocondriales pueden interpretarse de modo directo e intiutivo en términos
poblacionales. Por otra parte, y en un sentido más positivo, un abordaje genético
poblacional más integrador permite poner a prueba hipótesis de diversificación de un
modo más informado.
Las técnicas de secuenciación y genotipado masivos de segunda generación han
permitido éstos y otros desarrollos, transformando el campo de investigación genética, y
acercando sus herramientas a la orilla de nuestra disciplina con costos cada vez menores.
Para ofrecer algunas referencias muy crudas, digamos que en la actualidad un transcriptoma
cuesta unos pocos miles de dólares y un genoma compacto un orden de magnitud más,
y que un análisis de variación geográfica de u (...truncated)