"Dos por medio y cuatro por un real, mirando que el tiempo está muy fatal": el pregón en la semiosis musical de Silvestre Revueltas
El pregón en la semiosis musical...
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Semiótica musical.
Tópicos del Seminario, 19.
Enero-junio 2008, pp. 131-156.
“Dos por medio y cuatro por un real,
mirando que el tiempo está muy fatal”:
el pregón en la semiosis musical de Silvestre Revueltas
Roberto Kolb
UNAM
La naturaleza del sentido en la música ha sido motivo de controversia desde que el hombre occidental ha especulado sobre
el tema. Platón no ponía en duda las cualidades éticas de la música y, por ende, tampoco las virtudes sociales de unas prácticas
musicales sobre otras. Con la misma naturalidad, las iglesias
cristianas se abocaron el derecho a dictaminar sobre los usos
sociales de composición e interpretación, asumiendo a todas luces la existencia de un efecto moralizador que trasciende los
límites de lo intrínsecamente musical. Sin embargo, hay quienes sostienen la idea de la música como expresión “abstracta” y
exclusivamente autorreferencial, susceptible incluso a reducciones numéricas de espíritu pitagórico; los que así piensen, la conciben como un discurso amoral, en tanto carece de capacidades
figurativas.
A principios del siglo XX se produjo un choque entre estas
dos visiones. Desencantados ante los destrozos morales y políticos
que ocasionó la Primera Guerra Mundial, algunos músicos se
colocaron intencionalmente al margen de la sociedad, por ejemplo
formando círculos de iniciados como la Asociación de Conciertos
Privados (Vereinigung für Musikalische Privataufführungen)
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fundada en noviembre de 1918 por Arnold Schönberg. Otros
reaccionaron a la inversa: la crisis social los radicalizó. Convencidos de que la música es una construcción “esencialmente humana, socialmente fundamentada y alterable” (Susan McClary)1
y movidos por un afán por incidir críticamente en la estructura
de su sociedad, se dieron a la tarea de escribir partituras que
empujaban hasta sus límites las posibilidades de comunicación
de la música. Cabe destacar entre estos compositores a los izquierdistas Kurt Weill y Hanns Eisler, este último, alumno rebelde de Schönberg. Aunque sumamente simplificada, puede
dibujarse una cualidad divisoria entre estos dos compositores y
sus “antagonistas” de la Escuela de Viena (Schönberg y sus discípulos Alban Berg y Anton Webern): el empleo profuso de lenguajes musicales convencionales en los primeros y la renuencia
a esta estrategia de creación en los segundos. La concepción de
la música como lenguaje social o directamente como arma
política implicaba emplear, así fuera de manera crítica y
provocadora, lenguajes “naturales”, pues había que sustentarse
en códigos vigentes con el fin de no perder contacto con el público que se pretendía conmover o incluso agitar. No sorprende
en Weill, por lo tanto, la referencia profusa al jazz y a los géneros dancísticos populares; o el aprovechamiento estratégico de
géneros populares locales, en Eisler.
En el continente americano la postura rebelde y socialmente
comprometida ante la música y sus prácticas sociales tuvo su
contraparte en figuras como la del compositor Silvestre Revueltas (1989–1940), si bien cabe aclarar que la politización de éste
se produjo más bien a raíz de su vivencia de los años que precedieron a la gran depresión en los Estados Unidos, en donde residía como estudiante y violinista de cabaret y, posteriormente,
1
McClary, Susan, “Talking politics during the Bach Year”, en Music and
Society: The politics of composition, performance and reception, Richard Leppert
and Susan McClary, eds., Cambridge, Cambridge University Press, (1987)
1992, p. 15.
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frente al desencanto que suscitó en él una Revolución Mexicana
que veía traicionada y desviada hacia los intereses de una nueva
burguesía. En contraste con Eisler y Weill, Revueltas fue más
bien renuente a cederle prominencia a lenguajes convencionales en su música. Si bien izquierdista de corazón, sólo tras un
análisis detenido se revela la sutil forma que asume su entendimiento del arte como lenguaje social en sus agrestes construcciones musicales modernistas. Exploraremos aquí algunas de las
estrategias revueltianas para la marcación política de un texto
musical.
Adelantándose a las habituales interpretaciones pintoresquistas que la crónica de la época hacía de su música, Revueltas
decidió anteponer a su partitura Ventanas una nota de advertencia, impresa en el programa del estreno:
[...] El nombre no significa nada; puede llamarse “estrellas” o cualquier otra cosa. (Todo depende del buen o mal deseo del que escucha).
El resto de la cita corrobora la iconoclasia del compositor, su
lucha contra la reducción de sus obras a la evocación de una u
otra agenda semántica más allá de la musical:
Una ventana nunca ofrece un fértil tema literario para satisfacer el
gusto de algunas personas que no pueden entender u oír la música sin
programa, sin inventar algo más o menos desagradable [...] 2
Esta es la voz de un compositor que, al parecer, quiere ser
escuchado y entendido sólo en términos de su música. Recalca
Revueltas esta postura al insistir en que
…tal vez escribiendo este trabajo pensé expresar alguna idea definida. Ahora, varios meses después […], no puedo recordar qué era.
2
Reyes Meave, Manuel, “Psicobiografía de Silvestre Revueltas”, en Nuestra música, 1952, pp. 173 - 187.
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Revueltas sabe perfectamente que el imaginario que da pie y
forma a su partitura se perderá en el momento en que ésta abandone su escritorio y se transfiera a batutas y oídos ajenos. Por
naturaleza ambigua y polisémica, la música cobrará a partir de
ese momento nuevos sentidos: aquellos que evoca en el imaginario personal y cultural de sus receptores.
Hurgando entre los papeles personales del compositor, sin
embargo, se perfila un Revueltas muy distinto. En un cuadernillo de notas aparece la siguiente sentencia:
La universalidad probable de mi música me tiene sin cuidado. Escribo con la esperanza de ser comprendido por la gente de mi país,
música que habla de nuestros jacales, de nuestras casas de adobe, de
nuestras fiestas populares, de nuestros dolores raciales, no música que
diga de rascacielos y palacios europeos de sociedades enjoyadas y
decrépitas.
Así piensa un compositor de profunda pasión política, que
quiere entender la música como un lenguaje social y por tanto
le desea poderes de comunicación que trascienden el ámbito de
lo sonoro. Este otro Revueltas empuña la música para denostar
al enemigo y para ensoñar un futuro. Es el que declara en otras
notas de advertencia plasmar en música “las esquinas que guardan el rumor de las multitudes en lucha”; 3 el que ironiza las
construcciones de identidad basadas en el pasado remoto, al forzar nuestra mirada (a través del oído) hacia “calles sin árboles
[ni] turistas”4 y “caminos un poco tortuosos, que no recorrerán
las limousines”.5 Es también el que se empeña en frustrar las
expectativas nacionalistas de los “viajeros románticos y sentimentales” que han “embellecido [nuestro México] con b (...truncated)