Criterios epistémicos para la atribución de creencias delirantes
DOI 10.36446/af.e1025
CRITERIOS EPISTÉMICOS PARA LA ATRIBUCIÓN DE
CREENCIAS DELIRANTES
Epistemic Criteria for Delusionality
Lisa Bortolotti a
https://orcid.org/0000-0003-0507-4650
Fer Zambra a
https://orcid.org/0009-0005-2806-8503
a
Philosophy Department, University of Birmingham, Birmingham, United Kingdom.
Resumen
Recientemente, en la prensa popular y en la investigación en ciencias cognitivas, ha habido
una tendencia no solo a comparar las creencias en teorías conspirativas con los delirios
clínicos, sino a calificar de delirantes diversas creencias no clínicas que se consideran
epistémicamente problemáticas. Sam Wilkinson propuso que cuando llamamos delirante
a una creencia expresamos nuestra desaprobación epistémica desde el sentido común
hacia una creencia que no compartimos. En este sentido es parte de la propuesta de
Wilkinson que la atribución de carácter delirante a las creencias cumple un rol expresivo
y no descriptivo. De este modo, se implica que llamar delirantes a ciertas creencias no
está mediado por el hecho de que dichas creencias satisfagan determinadas condiciones;
así, la expresión de desaprobación no se puede desglosar más. En este artículo, queremos
adoptar la propuesta de que llamar “delirantes” a las creencias es una forma de expresar
desaprobación hacia esas creencias, pero queremos, a su vez, rechazar la idea de que las
razones de la desaprobación no se pueden desglosar. Una creencia se denomina “delirante”
cuando se considera (1) implausible, en el sentido de que no tiene apariencia de verdad
porque se opone a las creencias existentes, y (2) inquebrantable, en el sentido de que no
suele abandonarse bajo la presión de contraargumentos o evidencia contra ella. Aunque
hay otras características de las creencias que explican por qué las llamamos delirantes,
nos centraremos en la implausibilidad y la inquebrantabilidad como criterios epistémicos
del carácter delirante de las creencias.
Palabras clave: Delirios clínicos; Creencias conspirativas; Implausibilidad; Inquebrantabilidad; Carácter delirante de las creencias.
Abstract
Recently, in the mainstream media and cognitive science research, there has been a
tendency not only to compare beliefs in conspiracy theories with clinical delusions but
also to label as delusional various non-clinical beliefs that are considered epistemically
ANÁLISIS FILOSÓFICO 45(1) - pISSN 0326-1301 - eISSN 1851-9636 - CC: BY-NC - (mayo 2025) 91-114
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LISA BORTOLOTTI - FER ZAMBRA
problematic. Sam Wilkinson proposed that when we call a belief delusional, we express
our common-sense epistemic disapproval for a belief that we do not share. In this respect,
it is part of Wilkinson’s proposal that the attribution of delusional character to beliefs
plays an expressive rather than a descriptive role. The implication is that calling certain
beliefs delusional is not mediated by the fact that those beliefs satisfy certain conditions,
and the expression of disapproval cannot be further unpacked. In this article, we accept
that calling beliefs ‘delusional’ is a way of expressing disapproval, but we resist the idea
that the reasons for disapproval cannot be further unpacked. We propose that a belief
is called ‘delusional’ when it is considered (1) implausible, in the sense that it has no
appearance of truth because it is in tension with existing beliefs, and (2) unshakable,
in the sense that it is not usually abandoned under the pressure of counterarguments
or counterevidence. Although other features of the beliefs also shed light on why we call
them delusional, we will focus on implausibility and unshakeability as epistemic criteria
for the delusional character of beliefs.
Key words: Clinical Delusions; Conspiracy Beliefs; Implausibility; Unshakeability;
Delusional Character of Beliefs.
1. Más allá de la expresión que usamos para referirnos a los
delirios
Los delirios clínicos son creencias inusuales que se consideran
sintomáticas de trastornos mentales y que se suelen acompañar por una
sensación de malestar en quienes los experimentan. He aquí tres ejemplos
de relatos en primera persona de experiencias de delirios en el contexto de
la esquizofrenia:
Giro la cabeza y en un instante me doy cuenta de que mis compañeros de
trabajo han sido sustituidos por robots, o al mirar la mesa de costura me
invade el pensamiento, fino y gris como el hollín, de que estoy muerta.
(Wang, 2019, p. 126) [traducción propia].
Cada vez oía más voces (que yo siempre había llamado “pensamientos
en voz alta” o “impulsos con palabras”) que me ordenaban ejecutar
acciones destructivas. Llegué a la conclusión de que otras personas
me metían esos “fuertes pensamientos” en la cabeza y controlaban mi
comportamiento con la intención de arruinarme la vida (Bockes, 1985, p.
488) [traducción propia].
Y, en algún momento, empecé a darme cuenta de que las casas por las
que pasaba me enviaban mensajes: Mira de cerca. Tú eres especial. Eres
especialmente mala. Mira de cerca y lo verás. Hay muchas cosas que
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debes ver. Ver. Ver. No oía estas palabras como sonidos literales, como
si las casas estuvieran hablando y yo las estuviera oyendo, sino que las
palabras me venían a la cabeza, eran ideas que yo tenía (Saks, 2007, p.
29) [traducción propia].
Los delirios clínicos pueden incluir la creencia de que nuestros compañeros de trabajo han sido sustituidos por robots y que estamos muertos,
como en el extracto de las memorias de Wang; y la creencia de que terceras
personas están insertando pensamientos en nuestra cabeza, como en el informe en primera persona de Bockes y las memorias de Saks. Los delirios
clínicos tienen contenidos que van de lo mundano a lo extraño, pero algo
distintivo de ellos es que son hasta cierto punto idiosincrásicos de quien
los posee. En el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, publicado por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, esta característica se recoge en la siguiente frase: “La creencia no es una creencia
normalmente aceptada por otros miembros de la cultura o subcultura de la
persona” (APA, 2013, DSM-5, p. 819).
Al mismo tiempo, algunas creencias que no se consideran sintomáticas de trastornos mentales también se denominan “delirantes”. Estas
creencias pueden tener características similares a las de sus homólogas
clínicas, pero típicamente no suelen ser idiosincrásicas. De hecho, pueden
estar extendidas en grupos sociales bien definidos e incluso en la población
general. Aquí, algunos ejemplos de ellas: un ateo puede pensar que creer en
Dios es un delirio (McKay & Ross, 2020); un activista del cambio climático
puede pensar que creer que el calentamiento global no es causado por la
actividad humana es un delirio (Shearman, 2018); y una persona que cree
que la pandemia de coronavirus es una amenaza real puede pensar que el
rechazo de la visión del contagio viral por parte de algunos practicantes (...truncated)