"The party is over
“The party is over” la crisis global
y la recesión generalizada
Arturo Guillén
Le vieux monde se meurt. Le nouveau monde tarde à paraître. Et dans ce
clair-obscur les monstres surgissent
Antonio Gramsci
1. Introducción
Profesor - Investigador
Titular del Departamento de
Economía de la Universidad
Autónoma Metropolitana
Iztapalapa.
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Hace más de un año que la crisis inmobiliaria que comenzó a manifestarse a comienzos
de 2007, provocó una crisis financiera de grandes proporciones con efectos sistémicos.
A la fecha, a pesar de las enormes pérdidas registradas en los mercados financieros y
del alto costo de los rescates y de las inyecciones de liquidez efectuadas por los bancos
centrales, la inestabilidad financiera está lejos de haberse superado. Además, los datos
apuntan al inicio de una recesión de alcance global.
La crisis inmobiliaria es sólo uno de los cuatro procesos de crisis que enfrenta el
mundo en la actualidad. Junto a ella se entrelazan otros procesos de crisis iguales o más
importantes, como la crisis ecológica (donde destacan los problemas derivados del calentamiento del planeta), la crisis energética y la crisis alimentaria. No es el objetivo de esta
ponencia abordar desde una perspectiva tan amplia esos cuatro Jinetes del Apocalipsis
que cabalgan sobre el mundo. Su objetivo es más modesto. Se pretende avanzar en el
análisis de los orígenes, causas y principales repercusiones de la crisis inmobiliaria. En el
apartado 2 se analizan los antecedentes de esta crisis, que se ubican en el largo boom de
los años noventa, pero que se refuerzan con la crisis del Nasdaq del año 2000 y con las
políticas adoptadas para salir de la misma. En el apartado 3 se presenta una breve cronología de la crisis inmobiliaria. En el 4 se sugieren algunas hipótesis para su comprensión
teórica. En el 5 se comentan los programas de rescate implementados por los gobiernos,
así como las dificultades que enfrentan para superar la crisis. En el 6 se efectúa un acercamiento sobre el alcance de la recesión de corte global que se perfila desde los primeros
meses de 2008. Finalmente, en el 7 se presentan algunas conclusiones.
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2. Antecedentes
Durante los años noventa del siglo pasado, la economía estadounidense vivió la expansión cíclica más larga de su historia moderna, más larga incluso que la experimentada
en la década de los sesenta, al calor de la guerra de Vietnam. El ascenso de la “nueva
economía” –el desarrollo de la informática, del Internet y las telecomunicaciones– asociado a la globalización y a una burbuja en los mercados financieros, llevaron a algunos a
postular, como sucede en las fases duraderas de auge, el fin del ciclo económico y de las
crisis (Guillén, 2007). La burbuja del mercado inmobiliario fue parte de la fiesta. Tan sólo,
entre 1997 y 2006, los precios de los bienes raíces se dispararon 93%, cuando en los
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cien años anteriores, los precios de los bienes raíces oscilaron 10 o 20% en cada ciclo,
hacia arriba o hacia abajo, dependiendo de las condiciones de la acumulación de capital
(Roubini, 2007).
La expansión de los noventa concluyó en una crisis financiera el año 2000, la cual
desplomó las bolsas de valores de la mayoría de los países y condujo a la recesión de la
economía norteamericana en el período 2001-2002. Los problemas se agravaron con el
ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001(11/s). Sin embargo, no obstante la severidad del desplome bursátil –sobretodo en los valores de las acciones tecnológicas– la
recesión, contra lo que esperaban muchos analistas incluyéndome, fue bastante benigna.
Las amenazas reales de deflación sustentadas en los altos niveles de endeudamiento
alcanzados con el boom, se disiparon. Estados Unidos no siguió el camino de Japón en
los noventa y en el primer trimestre de 2002 el crecimiento del PIB se recuperó, aunque
a tasas menores a las del boom.
La recuperación fue factible por la continuidad del boom inmobiliario. El “efecto riqueza” se mantuvo a pesar del desplome bursátil. La atracción de sustanciales flujos externos
de capital permitió la continuidad en el crecimiento del consumo privado y de las importaciones, así como el mantenimiento de la tasas de inversión. La “burbuja inmobiliaria”
sustituyó a la “burbuja de la nueva economía”. Como afirmó Robert Samuelson (citado por
Greenspan, 2007: 230):
“El boom inmobiliario salvó la economía (…) Hartos del mercado de acciones, los
estadounidenses se volcaron en una orgía de bienes raíces”
En sus memorias, el expresidente de la Reserva Federal (FED), Alan Greenspan (2007:
225), reconoce el papel del boom inmobiliario en la salida de la recesión 2001-2002 y su
relación con la baja en las tasas de interés:
“La poca profundidad de la recesión pareció ser una consecuencia de las fuerzas económicas globales que habían bajado las tasas de interés a largo plazo y habían encendido
un alza pronunciada de los precios de las casas en muchas partes del mundo. En Estados
Unidos las casas se habían incrementado tanto en su valor que las familias sintiendo la
euforia, parecían más dispuestas a gastar”
Y en otra parte vuelve sobre el punto (Ibid., 229):
“El gasto de los consumidores cargó con la economía en el malestar post-11/s, y lo
que sostuvo el consumo fue la vivienda”.
El valor de la propiedad poseída por los habitantes de Estados Unidos se elevó de
alrededor de 10 billones (trillions) de dólares en 2000 a cerca de 20 billones en 2005,
testimoniando una de las burbujas más grandes de la historia. En el período 2000-2002,
los precios de las casas aumentaron 7.5% al año, más del doble de la tasa registrada en
los años anteriores. En 2006 alrededor de 69% de las familias eran propietarios de sus
casas, contra 64% en 1994 y 44% en 1940 (Ibid: 229-230). Al final del boom inmobiliario
al saturarse el mercado, es cuando entran en escena los llamados préstamos subprime,
concedidos a grupos de bajos ingresos, bajo condiciones leoninas, riesgosos y sin garantías (Jorion, 2008).
La burbuja inmobiliaria fue alimentada por la política monetaria laxa seguida por la FED
para evitar el pánico que siguió al derrumbe de las Torres Gemelas, y por el temor de que
la economía estadounidense desembocara en un proceso de deflación generalizada. Ello
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alentó extraordinariamente el endeudamiento y el carrusel de nuevos instrumentos financieros, de bonos y obligaciones, así como de instrumentos derivados.
La “financiarización” de la economía fue respaldada por la desregulación promovida
desde el Estado en los años ochenta, y que implicó el abandono del Acta de la GlassSteagall, que existía desde el New Deal roosveltiano. Esa Acta establecía límites sectoriales y regionales a la actuación de los grandes bancos en los distintos mercados financieros. La desregulación se reforzó en 1999 con la expedición del Acta de Modernización
de los Servicios Financieros (la Gramm-Leach-Bliley Act), la cual legalizó la creación de
holdings bancarios que podrían (...truncated)