El deseo diferido de los padres por obtener un título reflejado en los hijos al elegir su carrera
aposta
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nº 48, Enero, Febrero y Marzo 2011
revista de ciencias sociales
ISSN 1696-7348
EL DESEO DIFERIDO DE LOS PADRES POR OBTENER UN
TÍTULO REFLEJADO EN LOS HIJOS AL ELEGIR SU CARRERA
David Gómez Sánchez, Ramón Gerardo Recio Reyes,
Eugenia Inés Martínez López
Universidad Autónoma de San Luis Potosí (México)
Introducción
¿Quién en alguna etapa de su vida no se ilusionó y se quedó con las ganas de algo? En
concreto, con las ganas de estudiar una carrera para obtener un título profesional. La
realidad es que, a menudo, la situación económica de la familia, la incapacidad de
estudiar, la situación geográfica de su ciudad hizo que multitud de personas no pudieran
concluir sus estudios profesionales, en algunos casos ni siquiera empezarlos,
quedándose con esperanzas truncadas. En esas vidas permanece latente la ilusión de ver
cumplido ese deseo, y con el tiempo a veces se deposita ese deseo en los hijos.
La decisión no es solo una acción, sino que es todo un proceso en cual intervienen
diferentes situaciones y/o opiniones, provocando en la mayoría de los casos
incertidumbre en los posibles escenarios sociales, personales y profesionales del futuro
profesional. Los estudiantes, independientemente de su sexo, estado civil, condición
económica, edad y tamaño de familia, pudieran estar influenciados por el anhelo de los
padres de obtener un título profesional al elegir una carrera. Ese anhelo que los padres
han guardado durante mucho tiempo, ya sea en la niñez o en la adolescencia, que no
estará condicionado a si alguno de sus padres concluyó y obtuvo ese título profesional o
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truncó sus estudios en algún punto de vida, de las dos maneras lo consideraremos que
existe dicho comportamiento denominado “deseo diferido”, este comportamiento es un
concepto nuevo se ha estudiado escasamente.
Marco teórico. Conceptos y definiciones esenciales
Todo intento de comprender por qué la gente se conduce como lo hace, exige cierto
entendimiento de las características y la conducta individual. El análisis de la conducta
individual demanda considerar variables fisiológicas, psicológicas y ambientales
(Gibson, Ivancevich y Donelly, 2001). Dentro de las variables ambientales se ubica a la
familia, variable considerada como la más influyente en el comportamiento humano
(Schiffman y Lazar, 2001). Definir el termino familia no es fácil por su carácter
dinámico, ya que con frecuencia su estructura, roles y composición están en transición
(Schiffman y Lazar, 2001). En su concepto tradicional familia “es un grupo de dos o
más personas que viven juntas por consanguinidad, matrimonio o adopción”
(Blackwell, Miniard y Engel, 2002).
El proceso por el cual las personas modelan sus valores, motivaciones y actividades
habituales se conoce como socialización. Abarca principios morales y religiosos,
habilidades interpersonales, normas de aseo y vestido, la corrección en los modales y el
habla y la selección de metas de tipo educativo y ocupacional, además de caracterizarse
por estar presente durante toda la vida de las personas (Schiffman y Lazar, 2001). Todas
las personas tienen necesidades, algunas son innatas y otras adquiridas, éstas últimas
son las que se aprenden en respuesta a la cultura, el ambiente o mediante la
socialización, las necesidades suelen ser de autoestima, prestigio, afecto, poder y
conocimientos.
Las necesidades se consideran como excitadores o activadores de respuestas
conductuales que generan un curso de acción hacia una meta, es decir, hacia los
resultados que se desean obtener. La presencia de una necesidad indica la existencia de
“una deficiencia que experimenta un individuo en un punto particular del tiempo”
(Gibson, Ivancevich y Donelly, 2001). De acuerdo al Manual de Conceptos Elementales
de Motivación publicado por el Instituto Méxicano del Seguro Social, se desarrollan
necesidades presentes y futuras. Son necesidades presentes aquellas provocadas por una
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causa actual. Una necesidad futura es aquella necesidad pasada transferida a lo futuro,
que provoca un sentimiento actual.
El individuo puede también experimentar el efecto de algún deseo no satisfecho o una
meta o proyecto que ya no podrá alcanzar o realizar debido a la imposibilidad de reunir
las condiciones necesarias y suficientes para su materialización. Esto le produce un
estado de desagrado denominado frustración. Una meta substituta puede no ser tan
satisfactoria como la primera pero sí suficiente para desvanecer la tensión producida por
no alcanzar la meta inicial y producir frustración (Schiffman y Lazar, 2001). Las
personas con menos capacidad para adaptarse a la frustración y generar metas sustitutas
son propensas a adoptar mecanismos de defensa. Los mecanismos de defensa son
procesos mentales inconscientes en que los individuos “redefinen mentalmente
situaciones decepcionantes para proteger la imagen de sí mismos y defender su
autoestima” (Schiffman y Lazar, 2001). Entre los mecanismos de defensa se incluyen: la
agresión, la racionalización, la regresión, el retraimiento, la proyección, el autismo, la
identificación y la represión (mecanismo de introyección).
La mayoría de las necesidades de una persona permanecen adormecidas gran parte del
tiempo hasta que por la excitación de estímulos internos fisiológicos o procesos
emocionales del individuo o estímulos de la ambiente externo se activan. Barajas (2001)
establece que una persona puede dilatar o retardar la compra, uso y disfrute de un bien o
servicio deseado en si niñez hasta varias décadas después, cuando ya está en posibilidad
de adquirirlo. Barajas (2001) llama deseo diferido a la “actitud latente que se encuentra
en el consumidor” y que se manifiesta en “la esperanza o el ánimo de conseguir un
producto que anheló en alguna etapa de su niñez”, cuya espera causa un estado de
“tensión o frustración”, la cual genera “la preferencia hacia determinado producto, que
influye y se manifiesta posteriormente mediante un comportamiento de compra”.
El concepto de transferencia tiene en psicología una amplia aplicación, pero es
frecuente verlo en temas relacionados con la psicología social, clínica y educativa en los
cuales aparece con un carácter propio. De acuerdo a Alonso (2007) la transferencia es
poner en “el otro un vínculo fantasmal”, la persona que se tiene adelante sirve para
repetir situaciones y deseos reprimidos. El que se tiene delante es una pantalla donde
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poner aquellos sentimientos que no se ha tenido oportunidad de dejar salir en el
momento correspondiente.
Rivas y Grande (2004) mencionan que Freud había establecido que los niños son un
buen instrumento u objeto de proyección de sus padres, quienes satisfaciendo las
necesidades de los niños se están satisfaciendo a sí mismos. Los hijos en ese caso son
susceptibles a incorporar, patrones de conducta, actitudes, hábitos, y modos de pensar
que no son verdaderamente suyos, es decir, los introyectan de sus padres. Melanie
Klein (...truncated)