What is a Literal Translation? Translation as Continuous Variation
eidos
Recibido: 6 de abril de 2024
Aprobado: 11 de octubre de 2024
DOI: https://dx.doi.org/10.14482/eidos.45.519.565
¿QUÉ ES UNA TRADUCCIÓN LITERAL?*
LA TRADUCCIÓN COMO VARIACIÓN CONTINUA
What is a Literal Translation?
Translation as Continuous Variation
Cristóbal Durán
Investigador asociado Instituto de Estudios Humanísticos, Universidad de Talca
ORCID ID: 0000-0002-8870-5659
RESUMEN
Desde sus formulaciones más tempranas y canónicas, la cuestión de la traducción
ha sido muchas veces enfrentada a partir de una comprensión que localiza su sentido
en un lugar más o menos trascendente a las palabras o a la letra. Sin embargo, es lícito
considerar distintas vías que apuestan abiertamente por la traducción literal y que hacen
de los aspectos formales de la lengua el principal aspecto a considerar. Apoyándonos
en una lectura de algunas propuestas de Walter Benjamin y Gilles Deleuze, elaboramos
una conjetura sobre la traducción literal que se orienta hacia la idea de la variación
continua. Esta comprensión intenta pensar la naturaleza de una lengua llevada cada
vez más a su límite e impulsada a comunicarse con otras, exigiéndonos pensar una
transformación radical e incesante en el texto original.
Palabras clave: traducción, Benjamin, Deleuze, ecología, pluralismo, variación continua,
literalidad.
ABSTRACT
Since its earliest and most canonical formulations, the question of translation has
often been approached from an understanding that locates its meaning in a place more
or less transcendent to the words or the letter. However, it is legitimate to consider
different ways that openly bet on literal translation and make the formal aspects of
the language the main aspect to be considered. Thus, relying on a reading of some
developments made by Walter Benjamin and Gilles Deleuze, we will try to propose
a conjecture on literal translation that is guided by the idea of continuous variation.
This understanding, which pushes the elements of the language outwards and, at
the same time as it promotes communication between languages, demands a radical
transformation in the way we consider the incessant character of the original text.
Keywords: translation, Benjamin, Deleuze, ecology, pluralism, continuous variation,
literality.
* Este trabajo es parte del proyecto ANID+FONDECYT Regular 1240968: “Hacia un pluralismo
ecológico: La construcción del concepto de pluralismo en Gilles Deleuze como matriz de
comprensión para una lógica inclusiva de la coexistencia”, del cual el autor es investigador
responsable.
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¿Qué es una traducción literal? La traducción como variación continua
LA TRANSlATIO AD vERBUM Y LA PUGNA POR EL SENTIDO
En su breve “Acerca del estudio de la Antigüedad y de la griega
en particular”, escrito en 1793, Wilhelm von Humboldt establece
distintos tipos de relación con la antigüedad griega a partir de una
distinción entre diferentes tipos de traducciones (Vega, 2004).
La primera de estas tiene el cometido de dar a conocer un texto
a quienes no lo pueden leer en el original. La segunda permite
comprenderlo de otro modo para quienes pueden leer el original,
lo que agrega el elemento de la comprensión a la lectura del texto.
La tercera, la más importante para Humboldt, es hacerle conocer
mejor el texto a quienes son capaces de leer el original, pero “introduciéndolos en su estilo y en su espíritu” (Vega, 2004, p. 263). La
traducción no es considerada, a partir de esta tercera deriva, como
un simple medio auxiliar, ya que supone más bien un “acuerdo”
entre el espíritu del autor y aquel del lector, acuerdo que “aparece
más claro cuando se le mira en el medio doble de dos diferentes
idiomas” (p. 264). Pero, dice Humboldt, el aprecio del original
que así comparece en este encuentro requiere que la traducción
se “destruya a sí misma” con el objeto de dejar ver el original.
La mejor traducción es, entonces, la que se destruye a sí misma,
y la que al intentar que (trans)aparezca el sentido del texto original,
termina por suprimir toda tensión entre el original y la “copia” que
lo secunda. Esta tesis sobre la traducción basada en la “fidelidad
al espíritu” antes que “a la letra” cuenta con una larga data en la
historia de la traducción y de su reflexión. Acceder al espíritu y
al estilo del original supone un tratamiento sobre la letra. En este
sentido, la (auto)destrucción de la traducción, debida al poder
e imperio del sentido pretendido de un texto, parece constituir
un desiderátum para el texto original en la medida en que ha de
asegurar su transmisibilidad. Podría incluso decirse que en virtud
de su transparencia se puede acceder a lo que se considera más
importante del texto a traducir: su sentido. Es por ello que san
Jerónimo, traductor de las sagradas escrituras al latín, declara su
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poco aprecio por lo que él denomina una traducción literal, una
ad verbum translatio.
Una traslación literal de una lengua a otra encubre el sentido,
a la manera que una grama abundante ahoga lo sembrado. Y
es así que un estilo [oratio] que se ciñe servilmente a los casos
y figuras, apenas logra explicar con largo rodeo lo que pudiera
haberse dicho con breves palabras. Este escollo he tratado de
sortear y he vertido [transposi]… de forma que, si algo falta en las
palabras, nada se eche de menos en el sentido. Vayan otros a la
caza de sílabas y letras; tú, busca las sentencias. (San Jerónimo,
1962, p. 492)
Que “nada se eche de menos en el sentido” es el deseo tras la
negativa de traducir palabra por palabra. Ciertamente no se trata
de una querella contra la palabra o la letra, sino más bien de considerar que cierto sentido, que se encuentra en el texto original, se
perdería precisamente en la operación traslativa, ya que implica
producir otro texto. De alguna manera, detenerse en las palabras
y producir otro texto en el paso de una lengua a otra podría significar perder el sentido. Es sabido que Jerónimo sigue a su manera
a Cicerón, quien, en su De optimo genere oratorum, escrito un siglo
antes de Cristo, aboga por una presentación de las ideas y de las
figuras que se adapte a “nuestras costumbres” (Vega, 2004, p. 81).
Para ello, las palabras han de ser transformadas, para conservar
“el género entero de las palabras y la fuerza de estas”. El peso
de las palabras ya no puede ser considerado como simplemente
“literal”, sino que es entendido más bien como un sentido “espiritual”, que, si bien no abandona las palabras, las excede, razón
por la cual no se deja leer palabra-por-palabra, esto es, ad verbum.
En su “Carta a Pammaquio”, el mismo San Jerónimo reconocía un misterio en el orden de las palabras que ciertamente podría
habernos hecho pensar en una necesidad de afirmar de algún modo
la traducción ad verbum. Pero opta finalmente por ceder al tipo
que seguirá de Cicerón. Traducir a los griegos es expresar “sentido de sentido” (San Jerónimo, 1962, p. 490) y con e (...truncated)