Sin protocolo: Memorias y peripecias de un oscuro diplomático de carrera

Anuario mexicano de derecho internacional, Jan 2015

Ricardo Méndez-Silva

Article PDF cannot be displayed. You can download it here:

http://www.scielo.org.mx/pdf/amdi/v15/v15a31.pdf

Sin protocolo: Memorias y peripecias de un oscuro diplomático de carrera

Esta revista forma parte del acervo de la Biblioteca Jurídica Virtual del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM http://biblio.juridicas.unam.mx www.juridicas.unam.mx Vallarta Marrón, José Luis, Sin protocolo. Memorias y peripecias de un oscuro diplomático de carrera, México, Porrúa-UNAM, 2012, 219 pp. Los testimonios de una figura pública dan pistas para entender con mayores elementos la realidad que le tocó vivir como testigo y protagonista. El libro que nos ofrecen del embajador José Luis Vallarta Marrón, Sin Protocolo, con el subtítulo Memorias y Peripecias de un oscuro diplomático de carrera es por principio de cuentas un ejercicio riguroso de modestia, por que quienes lo conocemos, su trayectoria lejos de haber sido oscurecida se distingue por una labor seria y comprometida con sus encargos. Llegó al máximo nivel de la carrera del servicio exterior, embajador, por sus merecimientos y logros. Recuerdo una anécdota relatada por Jaime Torres Bodet. Fue secretario particular de José Vasconcelos pero cuando éste perdió las elecciones a la presidencia en 1929 y, sin rumbo profesional a la vista, acudió a Genaro Estrada, canciller entonces, quien le dijo: “Si me trae Usted una recomendación del General Calles lo hago embajador, si no tiene que presentar su examen de ingreso al servicio exterior”. “Y muy ufano, decía don Jaime, presenté mi examen, llegué al puesto de Embajador y fui Secretario de Relaciones Exteriores”. Así pues, por el mismo camino Vallarta arribó al honroso puesto de embajador de la República. Lo ennoblece la rememoración amorosa de sus raíces, de sus padres y abuelos, de sus hermanos y la devoción cariñosa por su esposa y sus hijas. Muy de pasada, sin presunciones, alude a su bisabuelo Ignacio L. Vallarta, luminaria jurídica del siglo XIX. Es de anotarse que su ilustre ancestro fue secretario de relaciones exteriores de Porfirio Díaz durante su primer periodo de gobierno y entre sus gestiones diplomáticas se encontró el trámite del reconocimiento por Washington, sin ceder a condicionamientos, lo que fue un antecedente de la Doctrina Estrada, medio siglo después, proclamada en 1930. De Ignacio Luis Vallarta destaco según mi preferencia el análisis que realizó sobre los derechos de México sobre Belice para oponerlo a las obcecadas pretensiones de la Gran Bretaña. Ya es un acto de masoquismo referirnos a las pérdidas territoriales. Con respecto a Belice D. R. © 2015. Universidad Nacional Autónoma de México-Instituto de Investigaciones Jurídicas. Anuario Mexicano de Derecho Internacional, vol. XV, 2015, pp. 897-902 México, D. F., ISSN 1870-4654 RESEÑAS Esta revista forma parte del acervo de la Biblioteca Jurídica Virtual del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM http://biblio.juridicas.unam.mx www.juridicas.unam.mx 898 los derechos históricos de México fueron vergonzosamente abandonados en 1893 con el Tratado Mariscal-Spencer Saint John. Aprendemos en el libro en comento que José Luis Vallarta ingresó a la Facultad de Derecho de nuestra UNAM en la sede actual del Pedregal de San Ángel a los pocos años de haber empezado a funcionar en 1954. Dedica un sentido reconocimiento a sus maestros por la formación que recibió en las aulas, significativamente, a la influencia de Cesar Sepúlveda que le hizo despertar su interés por el derecho internacional y su temprana vocación profesional. Al lado del maestro Sepúlveda ubica a cuatro maestros de gran talla universitaria, permítaseme abundar en uno de ellos que, sin exagerar, es el que dejó en mí una impronta imperecedera: don Juan Pérez Abreu y de la Torre profesor de Sociología Jurídica, a quien, a la menor provocación rindo tributo de recordación. Los relatos que nos obsequia el embajador sobre su recorrido en el servicio exterior van ganando en intensidad. La dificultad de escribir una reseña reside en seleccionar algunos pasajes entre el conjunto de episodios de interés a fin de motivar a los lectores. De los sucesos conocemos los desenlaces pero ni idea tenemos del entramado de las negociaciones, de los compromisos diplomáticos para construir consensos, de la imaginación de los diplomáticos para tender puentes entre las posiciones antagónicas en medio de intereses a menudo irreconciliables. Elogia gustoso y sin reservas a los grandes diplomáticos con quienes colaboró y lo formaron con su ejemplo y enseñanzas. El “self made man” no existe, somos la síntesis de lecciones, de ejemplos, de manos bondadosas que nos ayudan en el camino y que nosotros potenciamos con el sello de nuestro estilo original. De Alfonso García Robles dice: “Sus virtudes principales eran una inteligencia preclara, una gran experiencia, una cortesía ilimitada y una paciencia infinita, apoyadas en una preparación superior”. Calificativos semejantes atribuye a otras personalidades como Francisco Cuevas Cancino, Jorge Castañeda y de la Rosa. A sus compañeros y colegas de generación les rinde siempre justicia y no escatima los elogios dictados por una afectuosa objetividad, entre ellos Sergio González Gálvez, Antonio González de León, Fernando Labastida Álvarez, por ejemplo. Con pertinencia diplomática externa sus juicios pero no abdica de la crítica. Manifiesta su descuerdo con la decisión del presidente Carlos Salinas de Gortari por haber sacado a México del Grupo de los Setenta y Siete durante el sexenio en el que habíamos accedido al Primer Mundo para jugar Anuario Mexicano de Derecho Internacional, vol. XV, 2015, pp. 897-902 en las grandes ligas sobre todo cuando México fue aceptado en la OCDE y se suscribió el Tratado de Libre Comercio de la América del Norte. Opina el distinguido diplomático que no hubiera sido incompatible la membresía en ambas instituciones, con un poco de habilidad y voluntad política, el país se hubiera podido mantener en ambos foros. En esta tesitura manifiesta su desacuerdo con algunos embajadores, representantes ante organismos internacionales y uno que otro o una que otra titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Sus dardos más agudos dan en Santiago Roel, y no sin razón. Si se hiciera un concurso para determinar quien fue el peor canciller mexicano del siglo XX, no dudo que con ventaja y hasta por aclamación ganaría la medalla de oro este personaje, “abogado refresquero”, según el epíteto que le endilga Vallarta. Destaco tres de las incontables remembranzas del embajador Vallarta. La primera relativa a las Olimpiadas del 1968 y el Apartheid. La delegación de Sudáfrica inscribió para la gesta deportiva a un contingente compuesto exclusivamente de atletas blancos lo que motivó la amenaza de los países del África Negra con boicotear el evento, lo que ponía en riesgo el lucimiento de los juegos con los que México se presentaba en sociedad. En tiempos en los que ni la ciencia ficción soñaba con la Internet, Vallarta hurgó en los archivos amarillentos de la Cancillería, revisando antecedentes de resoluciones de los órganos de Naciones Unidas, dio con la base argumental de las san (...truncated)


This is a preview of a remote PDF: http://www.scielo.org.mx/pdf/amdi/v15/v15a31.pdf
Article home page: http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1870-46542015000100031&lng=en&nrm=iso&tlng=es

Ricardo Méndez-Silva. Sin protocolo: Memorias y peripecias de un oscuro diplomático de carrera, Anuario mexicano de derecho internacional, 2015, pp. 897-902, Volume 15,